Es hora de apretar el botón antipánico

¿Es el devenir inexorable? Es lo que me pregunto todo el tiempo frente a lo que aparece como inevitable, cuando la creatividad humana nos enseña que puede ser de otra manera. Es bueno aprender de las nuevas generaciones de emprendedores. Ellos crean sistemas innovadores, colaborativos, que crecen en la diversidad, suman sinergia, trabajan en armonía y en una mesa virtual compartida crean nuevos y desafiantes productos que lanzan en redes globales. Sólo la idea de proyectar esta lógica al sistema político me llena de entusiasmo.

¿Cómo no nos damos cuenta de que puede ser distinto? ¿Cómo es que vamos acumulando distancia, enojo, desconexión, repulsión creando un sistema que nos destruye individual y colectivamente, en el que nadie puede aportar, en el que nos gana la desilusión?

¿Cómo salimos de este campo minado y segado a las oportunidades de desarrollo individual y colectivo al que nos han llevado, justo en el momento en el que el mundo prende luces verdes a los países “emergentes”?

El sendero no parecía tan complejo, pero había que caminar unos metros por la cornisa, con precaución, con mucha pericia técnica.

Salir de las ideologizaciones binarias como “patria o buitres” y poner foco en los tres problemas críticos concretos, parecía lo sensato: Problema 1: vencer el rechazo que le provocábamos al mundo para poder proyectarnos a él creando dinámica de financiamiento, inversión y comercio integrado a esa globalidad, claro está que ya no se podía vivir con lo nuestro con una pobreza estructural del 30%.

Problema 2: salir de la trampa de subsidios y políticas discrecionales que habían destruido nuestro autoabastecimiento energético y se habían transformado en el talón de Aquiles de la política fiscal llevándonos a un déficit primario de 5,7% sobre el Producto (PIB).

Problema 3: salir de la crisis ética y moral, de la subversión de valores individuales, sociales e institucionales a la que nos habían empujado con prepotencia y soberbia.

No puedo decir que el gobierno de Cambiemos no encaró esos procesos críticos, desde lo institucional se empezó a andar el camino de los principios republicanos, el federalismo, la ética pública y el acceso a la información para un mejor control ciudadano; en lo económico se restablecieron vínculos con el mundo accediendo al mercado financiero, proyectando la dinámica comercial y las inversiones, se salió de la trampa energética y de subsidios económicos, se disminuyó déficit corriente con crecimiento del gasto social que hoy representa el 75% del gasto corriente y se hizo obra pública. Deberíamos con estas acciones estar mejor, posiblemente, pero no lo estamos; estamos al borde del ataque de pánico.

Debemos reconocer que lo que se hizo no alcanzó, no se hizo como lo hacen los emprendedores en este nuevo milenio, en un sistema sinérgico y colaborativo, tampoco se hizo con buenos y oportunos instrumentos y un correcto manejo político y comunicacional.

El año electoral nos encuentra sin partidos políticos fuertes, ni frentes integrados sólidamente para gestionar los próximos cuatro años, en un escenario en el que una mala encuesta, de dudosos resultados, difundida masivamente por todos los medios y viralizada por distintos canales de comunicación, explota las expectativas provocando corridas cambiarias y terror en los mercados, y en el que distintos referentes haciendo gala del “ombliguismo” cínico y voraz proyecta su destino personal.

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Muchas definiciones se darán políticamente en estos días, llamémonos a la reflexión, promovamos un diálogo político maduro y constructivo, ofrezcámosle a la ciudadanía frentes sólidos con programas concretos para que pueda optar democráticamente en estas elecciones, construyamos poder ciudadano efectivo para dar legitimidad a nuestra democracia, sin mentir, sin instigar a la violencia o la confrontación que provoca incertidumbre y desolación.

Es momento de apretar el botón antipánico, reconocer que estamos sufriendo y mal heridos. Es hora de dejar la vieja historia atrás y construir un camino esperanzador, sumando capacidades y aptitudes, animándonos al desafío de forjar un nuevo porvenir.

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